Aquella tarde de Agosto salí a correr como casi todos los días.
Al llegar al parque vi a una chica sentada , pase a su lado , tropecé y caí al suelo.
Cuando abrí los ojos , la tenia encima de mí y pude ver perfectamente su rostro.
Aquella melena pelirroja , su piel blanquecina llena de pecas y ojos verdes.
Vestía una blusa blanca escotada , unos pantalones cortos de color negro y zapatillas deportivas.
-¿Te encuentras bien? Me pregunto.
Pasaron como cinco segundos , hasta que pude articular palabra alguna.
-Si , no te preocupes , creo que me despisté.
La mañana había sido muy calurosa , tanto que ahora el cielo estaba gris por toda esa cantidad de agua evaporada.
En ese momento empezaron a caer las primeras gotas y antes de que pudiera decir mucho más , la tormenta comenzó.
-¡Corre! Vamos a mi casa , que vivo aquí al lado. Dijo ella.
Cuando llegamos , los dos estábamos calados por el agua de la lluvia , su blusa blanca mojada , estaba pegada a su piel y se podía apreciar ese bonito sostén estampado de flores.
Entramos en un pequeño estudio en los exteriores del pueblo , daba la sensación que aquella chica vivía sola.
Entonces me di cuenta que aun no sabia su nombre y yo tampoco le había dicho el mío.
-Perdona por no presentarme , me llamo Mario y te agradezco muchísimo que me des cobijo , aún estoy lejos de casa.
-Yo me llamo Angela , encantada.
Y cuando terminó de presentarse , me dio un beso en la mejilla y sus pechos mojados se juntaron con los míos
Nos volvimos a mirar fijamente a los ojos , hasta que Angela rompió el silencio con sus palabras:
-Vamos a secarnos , te daré una toalla.
Y a continuación , sin ningún pudor , Angela se quitó sus prendas , quedándose solo con su ropa interior.
Yo hice lo mismo y Angela me secó el pelo mientras me esbozaba una sonrisa llena de deseo y picardía , y ya no pude contenerme y me lance a besar sus labios.
Después de eso ya no hubo muchas palabras entre nosotros.
Angela me empujó contra su cama , y allí tirado mirando hacia arriba besó mi boca , mi cuello , pasó su lengua por mis pezones y termino haciendo una felación en mi pene.
Estaba tan excitado que tuve que subirla hacia mi para no acabar antes de tiempo.
La besé de nuevo y le dije:
-Ahora me toca a mí.
Angela se agarró al cabecero de la cama y yo metí mi cabeza entre sus piernas para lamer su clítoris.
Aquel cunnilingus le gusto tanto que sentí como su cuerpo se estremecía de placer y llegaba hasta mi barbilla su flujo vaginal.
Angela volvió a bajar a mi altura y terminamos tocándonos mutuamente hasta el clímax final.
Ya no estábamos mojados por la lluvia , sino por el sudor y los fluidos de nuestros cuerpos.
Aquel acto sexual no duró más de diez minutos , pero fue tan intenso que estábamos muy cansados.
Nos miramos otra vez y empezamos a reírnos como dos niños que acaban de hacer una travesura.
Angela me cogió de la mano y me dijo:
-Vamos a bañarnos , guapetón.
Nos metimos en la ducha y entre la espuma del jabón y el vaho del agua caliente , nuestras lenguas se besaban entre si y nuestras manos recorrían las espaldas desde el cuello hasta las nalgas.
El cansancio pudo más que el deseo y decidimos darnos un respiro y recuperarnos del orgasmo anterior.
Salimos de la ducha y nos dirigimos al salón , Angela llevaba un albornoz de color azul y yo solo una toalla atada a mi cintura.
-Voy a preparar una cafetera , ¿Por qué no pones algo de música? Dijo Angela.
Empecé a rebuscar por su colección de discos llena de bandas de blues y rock de los años setenta y me encontré con el disco ideal para aquella ocasión , el tercer álbum de Led Zeppelin.
Cuando empezaron a sonar las primeras notas de Since I’ve been loving you , apareció Angela con su sonrisa tan particularmente cautivadora.
Me agarro de la cintura y comenzamos a bailar pegados al son de la música.
Angela se acerco a mi oído y me susurro , «me encanta esta canción» , mientras besaba mi oreja.
Las ultimas notas de la guitarra de Jimmy Page fueron interrumpidas por el silbido de la cafetera.
Terminamos aquella maravillosa tarde envueltos en una toalla , tomando un café caliente y viendo caer las ultimas gotas de lluvia desde la ventana del salón.
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