Habìan quedado esa tarde. Dos amigas dispuestas a viajar de la mano por territorios desconocidos y apasionantes, allì donde la imaginaciòn, el morbo y la sensualidad buscan encontrarse en un sueño bordeando la realidad. Conocidas sin conocerse, còmplices de confidencias y sentimientos, hoy rozarìan piel y alma en un recorrido sensorial liberador màs allà de las estrellas. De sus estrellas. De su universo. De ellas mismas.

Suena el timbre y sus miradas se reconocen. Luna entrega su abrigo y la primera sonrisa ilumina los dos rostros. Luce un top de encaje negro sin ropa interior y una faldita escocesa que a duras penas cubre màs allà de las primeras curvas del final de sus muslos. Vicky en su casa, mallas negras y camiseta a juego cubriendo sin esconder, curvas, valles y montañas.
Caminan hacia el salòn. Una luz tenue las recibe. El olor a incienso quemàndose y el sonido de una mùsica suave, envolvente, comienza a entregar sus cuerpos antes de que la ropa caiga. Dos antifaces opacos para el momento antes de entrar en el salòn, las sumerge en un universo anònimo y propio, ìntimo. A ciegas, de la mano, entran en la habitaciòn. Alguien las recibe con un -«Hola chicas». Sentado en el sofà, serà espectador afortunado de la magia del encuentro. Esto es todo para ellas. Tambièn para èl.
Al tocar con los pies la colchoneta preparada en el centro, saben que han llegado al final del recorrido a pie y al comienzo del de sus sentimientos y el de su placer.
Se colocan frente a frente y desnudan sus cuerpos vistiendo su piel de deseo y de pasiòn. Anudan muñeca con muñeca, tobillo con tobillo y durante unos segundos enfrentan sus cuerpos en la oscuridad. Piel con piel. Aliento contra aliento. Calor junto a calor. Pezones contra pezones. Muslos rozando muslos. Pubis sobre pubis. Abrazo entre abrazo va uniendo respiraciones, pulsaciones y erotismo compartido que el afortunado espectador siente como viento càlido de una noche de verano de playa.
Abrazadas, atadas, unidas, se tumban entregadas en su viaje de placer y erotismo compartido. Cada una tiene a su lado un pequeño recipiente con aceite de coco tibio, y con el cambio de la mùsica, como si de una coreografìa pactada se tratase, cogen cada una el suyo, volcando cada una sobre el cuerpo de su compañera el contenido tibio del bol. Y la piel se entrega con el primer contacto. La mente deja de funcionar enronada entre sentimientos y caricias. Sus cuerpos se liberan, y sus almas comienzan un baile de erotismo y pasiòn , las alas se despliegan y las dos shaktis comienzan a volar… Sus manos se buscan, sus pieles se acarician, sus cuerpos se frotan y el mundo se para. Tambièn nuestro espectador se pierde entre belleza y erotismo y el tiempo se para. Y nadie quiere volver a poner en marcha el reloj. ¿Por què nadie lo parò antes?

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